OPINIÓN. EL CRIMEN ORGANIZADO TIENE CON PÁNICO A MARAVATÍO. Por Omar Carreón Abud

 

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Me piden unos vecinos de Maravatío que les ayude a dar a conocer el grave problema de inseguridad por el que atraviesan y accedo con gusto. Desean que  precise que, aunque ha llegado a haber enfrentamientos y ajustes de cuentas sangrientos entre grupos rivales del crimen organizado, el ambiente que los tiene consternados en este momento no se refiere a eventos de ese tipo, sino a violaciones, intentos de violación, asaltos, agresiones, golpizas, muertes y otros delitos que se han estado perpetrando últimamente en contra de ellos y de sus hijas e hijos, hechos que han sembrado el miedo entre la población trabajadora y desean, por supuesto, que se colabore para llamar la atención de la autoridad municipal y estatal con el fin de que se tomen medidas urgentes en contra del asedio a la comunidad.

Consigno aquí sólo una parte de la macabra relación de sucesos recientes que me hicieron llegar: abuso sexual a una niña de siete años, barrio Santa Elena; intento de abuso sexual a una niña de 12 años, San Miguel Curahuango; intento de asalto a un joven de 17 años por parte de tres sujetos, Colonia Maravatío; asalto e intento de violación a una jovencita, Colonia El Arenal; acoso y agresión a una joven de 18 años, San Miguel, por el puente; abuso sexual a una joven de 17 años por parte varios sujetos que viajaban en un auto; asalto a una mujer de 72 años y a otra de 62, en ambos casos se reporta a un hombre joven en una bicicleta operando en pleno centro de la ciudad; robo de batería de coche, Col. Francisco I. Madero; robo a negocio en la misma colonia del caso anterior; agresión física grave, La Huerta y homicidio en el campo de futbol El Chirimoyo, entre otros casos. La gran mayoría de las víctimas y sus familiares no han denunciado ante la autoridad competente porque piensan que puede ser peor.

No puede haber ninguna duda: los mexicanos tenemos derecho a vivir en paz y seguros; es más, no sólo se trata de una garantía Constitucional, es, aquí y en China, una de las funciones básicas, irrenunciables del Estado. Recuerdo ahora las vergonzosamente   célebres (por estúpidas) declaraciones de la entonces primera ministra de Inglaterra, Margaret Tatcher, cuando le abría paso al rozagante y prometedor neoliberalismo cuya parte central y más famosa es su afirmación absurda de que “la sociedad no existe”. Dijo la señora en 1987: “Creo que durante mucho tiempo les hemos dado a entender a muchas personas que si tienen un problema, es función del gobierno resolverlo. `Tengo un problema, obtengo una subvención´. `No tengo casa, el gobierno me debe dar una´. Estas gentes le endosan sus problemas a la sociedad. Pero debe saberse: la sociedad no existe. Hay hombres y mujeres individuales y hay familias. Y ningún gobierno puede hacer nada si no es a través de la gente y la gente debe mirar primero por sí misma; es nuestra obligación preocuparnos primero por nosotros mismos y luego por nuestro vecino. Las gentes tienen muy en mente sus derechos pero no sus obligaciones”.

Es esta una joya del credo individualista. Nada tiene de científico, es una burda falsificación de la realidad humana. Una burrada. No obstante fue y sigue siendo usada por las clases dominantes para presentar a su mundo como el mejor de los mundos posibles y, así, mantener y desarrollar el modo de producción de la máxima ganancia. Si ahora hemos citado estos planteamientos deleznables es para demostrar que aun en sus trances de mayor delirio en los que eximieron al Estado de casi todas sus funciones principales, los sumos sacerdotes del neoliberalismo, no llegaron a atreverse a sostener que el Estado debiera abdicar también de sus obligaciones de mantener el orden y la tranquilidad para garantizar las vidas y las inversiones, antes bien, la simplificación convenenciera de las funciones del Estado, los llevó a reducirlo a un Estado policiaco.

En efecto, nunca, nadie en la sociedad moderna se ha atrevido a decir que el Estado no tiene la obligación ineludible e intransferible de mantener la seguridad de los ciudadanos. Pero parece que aquí no quiere o ¿no puede? Cualquiera de las dos opciones que se aceptara, estaría colocando al Estado actual como superfluo, como inútil, y empujaría a creer que debería ser sustituido. No creo que nuestras autoridades estén para aceptar esa dura conclusión, tampoco que estén dispuestas a sostener que los ciudadanos mienten en asuntos tan delicados sólo con el fin de desacreditarlas. Más allá de Maravatío, el informe “Vidas en la incertidumbre: la migración forzada mexicana hacia la frontera norte de México”, elaborado por la Coalición pro Defensa del Migrante y American Friends Service Committee-LAC, concluye que del 74.5 por ciento de los migrantes desplazados por violencia, 41.5 por ciento vivía en Michoacán y el 33.3 por ciento en Guerrero (el resto se distribuye entre otros estados). En consecuencia, está claro que no hay ningún invento; los marativenses incluso se quedan cortos. El problema ahí está, el temor cunde ¿Qué dicen las autoridades?

 

Morelia, Mich., a 6 de septiembre de 2016

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