ARTÍCULO DE OPINIÓN. LA CONSTRUCCIÓN DEL SUJETO HISTÓRICO EN LA SECCIÓN XVIII DEL SNTE.Por el Profr. Juan Pérez Medina (Red MOVPAP)

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En 1989, la dirección del Movimiento Democrático Magisterial (MDM), se planteó la utopía de construir un sujeto histórico para el cambio social, comenzando por la democratización de su organización sindical, el SNTE, que estaba en manos de una dirección corporativa al servicio del gobierno y su clase. Se planteó la lucha sin cuartel por la recuperación del sindicato como un arma organizativa y de lucha de los trabajadores de la educación, desde donde se pretendía incidir en la lucha general del pueblo en contra del PRI-gobierno.

Para la consecución de esta enorme tarea, era necesario la construcción de un sujeto social que no sólo estuviera en la condición de luchar por la transformación del SNTE, sino que además, y era lo más importante, que se convirtiera en la génesis de lo que sería una nueva sociedad, regida por principios democráticos para el ejercicio de una ciudadanía plena, que impidiera o llevara hasta el mínimo posible la codicia, la ambición, el egoísmo, el autoritarismo y la explotación humana; en pocas palabras: una sociedad nueva y contraria a la que hoy vivimos. Una sociedad para la paz.

Esto implicaba el respeto al otro y a su derecho para acceder en igualdad de condiciones al desarrollo y bienestar, poniendo en el centro el bien común. Para ello el MDM se propuso restituir el poder a la base otrora en manos de las estructuras de dirección del sindicato y que eran al mismo tiempo las de la propia SEP y el gobierno. Era difícil distinguir entre los que eran dirigentes del SNTE y quienes gobernaban el sistema educativo, pues siempre acababan siendo parte de un organigrama que se leía como PRI – SNTE – SEP, donde sus dirigentes eran al mismo tiempo parte del gobierno y militantes de su partido, sin importarles los intereses colectivos de sus representados. Así, el secretario general del SNTE de la Sección XVIII, podía provenir de la estructura de la SEP o de algún cargo en el PRI y, al terminar su mandato, generalmente regresaba como diputado o funcionario del gobierno cuando menos, mientras el resto de los integrantes ascendía a supervisor de zona escolar o jefe de sector, una vez que habían colocado a sus familiares y amigos, otorgándoles plazas y horas, en la administración de la SEP {SEE a partir del Acuerdo Nacional para la Modernización Educativa (ANMEB)}, ya sea en Oficinas Centrales o en la escuela más cercana a su lugar de residencia, pasando por encima del derecho de los trabajadores de base. El estar en el Comité Ejecutivo Seccional (CES), implicaba grandes beneficios personales, sobre todo sí además, se destacaba como ferviente militante al servicio del régimen. Por ello era necesario iniciar con un acto lógico y de gran envergadura, pues ello implicaba la posibilidad de que los trabajadores de base de cada escuela asumieran en sus manos su sindicato, convirtiéndolo en un instrumento de lucha independiente, de defensa de sus derechos, reivindicaciones económicas y demandas políticas. Restituir el poder a la base era un acto político que posibilitaba que los docentes se convirtieran en protagonistas principales de la acción sindical y con ello llevaran a la sección XVIII a su democratización. De esta manera, la dirigencia seccional sería el ejecutivo de las determinaciones de la base y no los que en su nombre lucraran con el poder conferido.

Pero lo anterior pasaba necesariamente por procesos adyacentes que no por ello eran menos importantes; pues la configuración estructural y de funcionamiento de la Sección XVIII para hacer que las bases tomaran en sus manos las decisiones màs importantes, implicaba al mismo tiempo la generación de una serie de principios fundamentales básicos de actuación y de observancia general, que impidiera que a nombre de la lucha político-sindical del MDM se hicieran y repitieran las prácticas sindicales venales del SNTE charro como finalmente viene ocurriendo.

En la vida sindical corrupta se recreaban los cambios de adscripción sin mediar procesos sujetos a derecho, se contrataba a nuevos trabajadores a cambio de favores, de los cuales no escapaba, por ejemplo, la degradación de las mujeres. Existía el escalafón de la sábana para decirlo de algún modo, al igual que la extorsión económica. La venta de plazas, que en los últimos 10 años se ha recrudecido, se genera por la acción de quienes detentan el poder sindical y de la dependencia del gobierno de que se trate; pero por

igual participan de ello no pocos dirigentes sindicales de base que entran en colusión ya sea con unos o con otros o con ambos y hasta propios trabajadores de base que asumen tanto el papel de corruptores como de corruptos. De la misma manera eran entregados los cambios de estado, los ascensos, los créditos de vivienda y económicos. Los dirigentes, lo repito, al igual que los funcionarios de la SEP, se hacían una para llevar a cabo este tipo de acciones y contratar a toda su familia y amigos u amigas, sin importar el perfil del puesto y el nivel de estudios requerido. De pronto llegaban a las escuelas con órdenes de adscripción por cuarenta horas y había que recibirlos so pena de caer en desgracia. En muchas escuelas esta mala práctica acabó creando pequeños imperios familiares que imponen su ley y se siguen quedando, al margen de la justicia, con los recursos que quedan libres por jubilación o cualquier otra incidencia de personal. Se comportan como dueños de los centros o zonas escolares definiendo qué trabajadores entran o se van.

La SEP era una instancia en donde el gobierno colocaba a sus personeros. Bajo nóminas ocultas muchos de sus personeros cobraban los favores o servicios prestados. Policías, comunicadores, políticos del PRI, “orejas”, infiltrados, etc., abultaban el presupuesto educativo utilizado a discreción de los gobernantes en turno. El SNTE y los funcionarios de la SEP-SEE, se encargaban de operar estos asuntos de los cuales eran responsables ante el gobierno.

Todo esto fue denunciado en su momento por el MDM y se convirtieron en parte de sus demandas políticas. La democratización de la Sección XVIII del SNTE requería del combate a la corrupción de la que el sistema educativo y el mismo organismo sindical era parte. La lucha por la democracia sindical se convirtió en la lucha en contra de la corrupción de los dirigentes del SNTE y del gobierno. Por ello, cuando el MDM emergió, los maestros se sumaron en la mayoría de las escuelas de todas las regiones de la entidad, hartos de las prácticas desleales que el SNTE representaba.

El capitalismo brutal, que impone el poder del dinero a la vida; que deshumaniza a la humanidad, es generador de las miserias humanas, de la inmoralidad del hombre, convirtiéndolo en esclavo de su propia ambición y en víctima de la ambición de quienes detentan el poder económico y político. La lucha de los trabajadores por brindarse una organización sindical verdaderamente democrática tan necesaria y urgente, es en sí la lucha en contra de la degradación humana y, por tanto, en contra del capitalismo y su modelo neoliberal que ahora padecemos. Restituir el poder a la base no sólo significaba el construir nuevos estamentos organizativos desde donde la base pudiera tomar las decisiones, sino que iba mucho más allá, pues trataba de hacer del ejercicio de la soberanía sindical de base una acción que al mismo tiempo se orientara hacia el combate al capitalismo y por una nueva sociedad justa, democrática y humana, en un ejercicio de construcción de la conciencia política éticamente revolucionaria. Lo anterior implicaba la acción cotidiana de combate a la corrupción en sus filas y fuera de ellas y del apego a los principios democráticos contenidos en los documentos básicos del MDM en un proceso incesante y permanente de formación política que destruyera las prácticas charras y diera paso al sindicalismo de base, como germen de la sociedad a la que aspiramos.

El que a 16 años de distancia, el poder de base no se haya transformado en ejercicio pleno y verdaderamente democrático y honesto es algo de lo que hay la necesidad de analizar. A días de que se realicen nuevas elecciones para renovar la dirección sindical de la Sección XVIII, en bueno preguntarnos si valdrá la pena continuar por donde se ha venido caminando en los últimos años o será hora de hacer una rectificación que nos ponga otra vez en el camino de la utopía de 1989. Yo creo que sí. Más de lo mismo no tendría sentido. Los acomodaticios, los dogmáticos y los reformistas estarán de plácemes si la historia de los últimos años se repite. De ser así la derrota histórica para el MDM estará por cumplimentarse, y ellos veloces saldrán a culpar al estado, a los “timoratos”, a los “radicales” y a los “traidores”, para alejar las sospechas que pudiera haber sobre de sí. Eso les ha funcionado hasta hoy para mantenerse en la dirección sindical y el que no sea por mucho tiempo, depende de los trabajadores de la Sección XVIII.

Rectificar en la tarea de construir el poder de base nos conduce de manera obligada a reivindicar las estructuras de toma de decisiones para ponerlas en la correcta orientación en donde sean los trabajadores

de base los que tomen las decisiones. Su funcionamiento actual debe ser cuestionado para hacer que se acabe el verticalismo. Ante la falta de verdadera vida interna de las estructuras sindicales más simples (la asamblea delegacional o de centro de trabajo), éstas deben ser retomadas para convertirlas en donde se discute con plena libertad y se construye el consenso real y verdadero, imbricado por los principios que son nuestro sustento ideológico y político.

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