OPINIÓN: «¡EN MARCHA! POR TERESA DA CUNHA LOPES / GRUPO CRÓNICAS REVISTA

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Durante los últimos años -y especialmente, desde luego, desde que las redes sociales nos transformaron en adictos a las fake news y, a otras no tan «fake»- las páginas de internet alimentadas por bots y, hasta diversas columnas de opinión se han llenado de alertas de que estamos a punto de sufrir un Apocalipsis , o bien en los días calmos, al menos que nos caiga , desde arriba, una inflación económica del cupón.

O sea, tal como los argonautas, nos vemos obligados a navegar peligrosamente entre la hiperinflación del miedo y la deflación del optimismo. Este ambiente tóxico de dosis de adrenalina del terror colectivo en que nos mantienen ha dado grande credibilidad a la narrativa de la derecha política sobre (in)seguridad y propiciado un comportamiento anti – intelectual de algunos sectores del electorado que no ha permitido elegir líderes que entiendan los contextos reales de la transición a la sociedad de la información y del conocimiento, a las nuevas estructuras organizativas educativas y, mucho menos a la nueva economía digital económicas y , a su corolario de nuevas formas de organización del trabajo .

Así que , como diría Lenin ( a quien raramente citó) a lo que hemos asistido es a un movimiento de «un paso adelante dos atrás «. Las alertas apocalípticas de los bots llevaron Trump a la Casa Blanca y reforzaron la derecha fascitoide en Europa. La cuestión que nos debemos colocar, ahora, es como afectaron los ejercicios electorales rumbo a la elección presidencial del 2018.

Ahora bien, podemos decir que en caso local, la «bestia» del tenor colectivo ha sido alimentada con dosis extra de «esteroides » de mala política ( y de peor gobernanza ) durante los últimos años . Es evidente que el valor del peso se ha «degradado» , que las supuestas políticas públicas son grandes ejercicios de simulación ( en lo mejor de los casos ) o de creación de infinitas redes de corrupción en las entidades federativas. No se puede negar el déficit de ejercicio de derechos humanos que aqueja, sistémicamente, a diversos sectores de la sociedad . Que las tasas de delitos violentos continúan por arriba de la media histórica .

Que la imagen proyectada internacionalmente es negativa y ha afectado a la única «industria » que mantiene el barco a flote, el turismo . En consecuencia, tal como otros millones, para ser sincera, por un breve momento pensé que quizá ahora habíamos tocado fondo y me preparé para el «final apocalíptico » anunciado en redes, en los titulares y, en las pláticas con los taxistas. Lo interesante es que la realidad es otra y habrá que analizar por qué » el cielo no se nos ha caído arriba». Porque razón a pesar de «todos los males» la sociedad mexicana es una sociedad en marcha.

Frente al inmovilismo de estatuas de sal de los actores políticos es una sociedad viva de un extraordinario dinamismo . Las teorías «apocalípticas » parecían razonables, pero son una falacia que tienen la misma profundidad que las predicciones de los taxistas, repetidas por Ciro Gomez Leyva y Ca. en horario estelar a la 8 de la mañana. La respuesta a esta paradoja se encuentra en dos variables . Primero, en que el anti-intelectualismo de los taxistas ,reproducido por los comunicadores «institucionales» ,los aleja de las fuentes serias y relevantes y, por ende del estudio detallado de las cuestiones . Así que construyen narrativas que desconocen los datos duros y no entienden los contextos de transformación que estamos viviendo .

Felizmente, también no se han adaptado a la manera como la información opera directamente de usuario a usuario y, por lo tanto , escriben para un solo lector, informan para una sola audiencia: el gobernante en turno. Así las cosas, nadie los lee , excepto los comunicadores provinciales, los de segunda división, que los usan como «fuente» . En este sentido, son menos eficaces en la formación de la » opinión pública» que el taxista en la propagación de la «teoría del apocalipsis «. Paradoja entre una sociedad hiperconectada , abierta, flexible y los aparatos gubernamentales y de publicidad ( propaganda) comunicacional rígidos, obsoletos y en isla : los que deben informar son incapaces de salir de su espiral de desinformación. Como consecuencia ( felizmente, diría yo ) quedan espacios enormes, que no existían previamente para la construcción «autodidacta » de una opinión informada por el ciudadano común y corriente .

Segundo, porque el dinamismo que ha transformado en las dos ultimas décadas a la sociedad mexicana ha desarrollado un proceso paralelo ( no institucionalizado ) de desarrollo , por vía de transvases transnacionales , de una globalización viral de canales alternativos y, de un cambio de mentalidad y de actitudes de las generaciones más jóvenes que se activa de forma independiente y fuera del control del pequeño club de compadres a que se ha reducido el mundo de los partidos tradicionales. Pequeño club de compadres que ya se llevaron sorpresas de grande calibre con movimientos como los «Indignados» o PODEMOS, en otras latitudes. Y, que están a punto de se llevar ( con el retraso histórico habitual) otra sorpresa en el continente América. Si hubiera dudas en torno a este dinamismo , nuestra historia reciente las disipará todas.

Las iniciativas ciudadanas ( la sociedad civil organizada) han propiciado el empoderamiento de grupos, comunidades y causas, compensado los efectos perniciosos de las » políticas» institucionales, obligado a las grandes reformas constitucionales- jurídicas del 2008 y del 2011, impuesto nuevos ritmos de vida y expectativas, exigido fiabilidad en el espacio de lo público , tolerancia para con la diversidad y propiciado la visibilidad de culpables ( o simplemente ineptos) cuando » las cosas no van bien.

Es esta sociedad civil organizada que es cosmopolita en un contexto en que la clase política continúa viviendo con mentalidad de «la ley de Herodes» . Son los ciudadanos , apartidistas pero políticamente activos , con opiniones fuertes y claridad de objetivos, que rechazan el paternalismo gubernamental, que se reclaman de una modernidad competitiva en los sectores académico-investigación , activos empresarialmente, liberales en las opciones sociales.

Descontraidos en ambientes multiculturales , profundamente respetuosos de la diversidad . Es en esta sociedad, más o menos organizada , pero siempre en marcha, siempre en movimiento , que no rehuye de la modernidad, es en esta sociedad que reside la fuerza del presente mexicano. . En en ella, en la inteligencia aguda de sus integrantes, en su fuerza innovadora, hasta en el sentido del humor sin límites de censura, que encuentro la base argumentativa para defender que podemos (debemos) ser optimistas . Es esta sociedad que hace frente a la rigidez de los aparatos institucionales , al anacronismo de las formas de «gobernar «.

Frente a la «escasez» de capital humano institucional, la sociedad mexicana tiene (es )una reserva enorme de talento. Resta entonces una cuestión ¿ahora ya no es necesario actuar? Si lo es.

Porque esta sociedad mexicana moderna tiene que transformar ese talento en poder político. Tiene que invadir el espacio político .»

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