ARTÍCULO. REFLEXIONES INCIALES HACIA EL NUEVO CONGRESO SINDICAL DE MAGISTERIO DEMOCRÁTICO. POR EL PROFR. JUAN PEREZ MEDINA (RED MOVPAP)

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En 1989 surgió el Movimiento Magisterial. Previamente, pequeños grupos se conformaron en varias partes del Estado, principalmente en las regiones de Uruapan, Zitácuaro, Morelia y Zamora. Eran grupos reducidos con un alto compromiso con la lucha sindical por su sólida formación ideológica y política. Verdaderos cuadros disciplinados, que de manera desinteresada en lo personal, desarrollaban tareas de denuncia, información y reclutamiento entre los maestros de base. Estos pequeños reductos fueron los que ese año encabezaron de manera natural la irrupción del movimiento magisterial en la mayoría de las regiones de la entidad. Eran probados militantes que no sólo acompañaron el surgimiento de la CNTE en 1979, sino que además se involucraron de una u otra forma en las principales luchas sociales locales y del país. Lo mismo estaban en las luchas campesinas e indígenas, que acompañando o encabezando las luchas estudiantiles, sindicales y contra la represión del régimen priista y por la libertad de los presos y perseguidos políticos. Había en ellos una mística y una disciplina que ahora no se observa en el panorama sindical.
Delfino Paredes, Javier Acuña, Filemón Solache, Rafaela Alejo y Lucha Zalapa entre otros más, fueron iniciadores de este proceso que a 16 años de distancia padece una de sus peores crisis ideológicas, que amenaza con convertir el movimiento magisterial en lo mismo que justificó su surgimiento. Sin verdaderos cuadros políticos y en medio del abandono de una directriz ideológica firme y clara, el magisterio combativo de la Sección XVIII se acerca a una nueva renovación de su dirección estatal enfrentando una de las etapas más profundas y agresivas de la ofensiva neoliberal en contra del sindicalismo, de los trabajadores y, en particular, en contra de los trabajadores de la educación.

Después de realizada la primera etapa del proceso de evaluación llevado a cabo por la SEP, el INEE y los gobernadores de las entidades, sustentados en el mandato que les confirió la Ley del servicio Profesional Docente (LSPD), parte medular de la reforma educativa instrumentada por el gobierno priista de Enrique Peña Nieto a exigencia de los prominentes grupos empresariales, representados por la organización de televisa: «Mexicanos Primero»; el magisterio va a un nuevo congreso que bajo las circunstancias actuales reclama un especial cuidado, porque implica una organización tal que permita la elaboración de una correcta interpretación de la realidad actual, de los actores en juego y, en especial, de la situación que guarda el propio Movimiento Magisterial, para así reimpulsar la lucha que le dió sentido y posibilidad y orientar el quehacer sindical hacia donde las condiciones actuales lo reclaman.
No está el horno para bollos, como coloquialmente se dice cuando existe una situación de extrema delicadeza tal y como ocurre ahora. En este marco bien vale la pena destacar que si no se generan condiciones tales que garanticen un proceso de profunda y elevada discusión, bajo la más amplia participación del magisterio e, incluso, de otras organizaciones hermanas y personalidades destacadas en la lucha política y social de carácter popular, el resultado del congreso será muy costoso para todos, y no me refiero sólo a los maestros y maestras, sino al movimiento sindical y social en general.
En las condiciones actuales, debe priorizarse la acción política por sobre todas las cosas. aquellos que están pensando en la solución de los problemas laborales domésticos y de gestoría que a diario se generan en la Secretaría de Educación, deben saber que nada de eso habrá de resolverse favorablemente, sino se desarrolla una visión de mayor envergadura, en donde el interés general se ponga por delante y la derrota de los neoliberales o el gobierno en turno sea el primordial objetivo.
La acción política, además, debe alejar y combatir el inmediatismo y plantearse metas de mediano de mediano plazo donde se establezca con claridad el cómo y el con qué y el para qué, a fin de establecer desde hoy cómo habremos de accionar en lo individual y en lo colectivo. El magisterio debería de hacer un esfuerzo por despojarse de su lamentable gremialismo que lo acompaña y sumir que no habrá posibilidades de revertir las actuales condiciones, sino se plantea un horizonte que vaya más allá de la lucha sindical y las reivindicaciones gremiales. Lo digo porque de lo contrario, lo que aún permanece seguirá cediendo ante la vorágine neo liberal del gobierno de Peña y sus partidos.

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