ASÍ FUE EL SECUESTRO DE ROGELIO: NADIE RESULTÓ CULPABLE (Segunda parte)

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POR ANDRÉS RESILLAS//

Rogelio, regresaba aquella noche del 17 de junio del 2015 a su casa, luego de hacer su trabajo para abastecer la tienda de abarrotes.

Unas cuadras antes de llegar a su casa, lo interceptaron dos sujetos armados y que iban a bordo de un tsuru blanco. Uno de ellos le encajó la punta de su cuchillo en el estómago para que no se resistiera y se subiera al auto compacto.

Cuenta que de inmediato lo empujaron y una de sus piernas quedó fuera del vehículo, por lo que tuvo que sujetarse del asiento del piloto, fue entonces cuando reconoció a su vecino Raúl M. y al propio vehículo.

La luz interior del tsuru se prendió y eso ayudo a Rogelio a confirmar la identidad de uno de sus secuestradores; también reconoció la banda polarizada en el parabrisas con la leyenda “inquieto”, pues por mucho tiempo la había visto ya que Raúl M. vivía a un lado de su casa.

En el trayecto a la casa donde lo tendrían cautivo Rogelio fue esposado y le colocaron en la cabeza un sueter tejido para que no observara la ruta de viaje ni a sus captores. Todos guardaban silencio.

Llegaron a una casa vacía en las faldas del cerro del Quinceo. Rogelio fue recluido en el baño, en el área de la regadera. El sentirse secuestrado lo tenía con la adrenalina hasta el tope.

Sus captores pidieron de rescate 500 mil pesos. La familia, alarmada, no sabía qué hacer.

Lo más increíble es que estaban a unos metros de los familiares de los secuestradores; el hermano de la esposa de Raúl M y que trabajaba como domestica en la casa de Rogelio, fue uno de los que ejecutó el plagio.

El mismo cuñado de Raúl M fue quien se quedó en la casa del Quinceo a vigilar a Rogelio, quien lejos de dormir en esa noche de pesadilla, estaba desesperado.

“No podía hacer nada, pues cada que me movía las esposas hacían ruido y la casa era pequeña.

“El cuñado de Raúl cada rato me amenazaba: ´A ti ya te llevó la chingada, no hagas nada´, por lo que opté por no moverme”.

Dice que pasaron tres horas, que llegó la madrugada y no se escuchaba ruido alguno. Decidió salir del baño y se dio cuenta que el cuñado se había quedado dormido; tenía la oportunidad de escapar y no la desaprovechó.

Como pudo salió de la casa. Corrió y corrió cuadras de la zona del Quinceo. Estaba libre pero el corazón se le salía del pecho.

Por fin encontró una patrulla y les avisó. Se armó el operativo y cuando los agentes llegaron a la casa donde estuvo cautivo Rogelio, encontraron al cuñado en el exterior hablando por teléfono, fue entonces que se desató una balacera y el delincuente fue abatido.

El cuñado fue identificado y comenzaron las investigaciones. Parte de la familia de Raúl estaba involucrada. Sus dos hijos y otro sobrino, así como un segundo cuñado, el cual está prófugo.

Toda la familia de Raúl fue detenida: esposa, hijos y sobrinos.

Tanto Raúl M. como sus dos hijos y el sobrino confesaron ante los agentes Antisecuestros de la Procuraduría de Justicia su participación en el secuestro. Los muchachos por ser menores de edad, tuvieron que ser tratados de acuerdo a la ley en esa materia y no participaron en el juicio.

La confesión de Raúl no sirvió de nada, pues en el juicio oral se declaró inocente por recomendación de sus abogados.

Pese a todas las evidencias y confesiones, la Procuraduría de Justicia, o sea la Fiscalía, no pudo armar un una acusación consistente. Incluso en la audiencia de impugnación el Ministerio Público lo reconoció.

De nada valieron los alegatos en el juicio oral. Raúl M. fue declarado inocente y puesto en libertad.

Rogelio y su familia no lo podían creer. Ahora resultaba que nadie había participado y toda la culpa se la echaron al muerto.

Y el muerto, por supuesto, no podía delatar a sus cómplices….

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