OPINIÓN: LOS TRABAJADORES ANTE LOS CONTRATOS DE PROTECCIÓN: UNA MUESTRA. Por el profesor Juan Pérez Medina (CUT) – Michoacán.

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En el ámbito laboral se le denomina “contrato de Protección” a los Contratos Colectivos de trabajo que celebran por una parte el patrón de empresa y, por otra, un sindicato con el contubernio de las autoridades de las Juntas Locales o Federales de Conciliación y arbitraje, siempre a espaldas de los trabajadores y para beneficio de los que en él intervienen. Generalmente, el sindicato que firma el Contrato de Protección es inexistente en términos reales o pertenece a alguna central sindical “charra” como la CTM, la COR o la CROC.

Son entes que se dedican a legalizar contratos laborales de protección por una cuota económica que el patrón entrega cada mes a cambio de protección para sus negocios o empresa o a cambio del control de sus trabajadores. Los empleados por lo general no conocen el sindicato de la empresa en donde trabajan, no saben el nombre de su dirigente y, en ocasiones, incluso, no saben que existe un sindicato. Son organizaciones sindicales “blancas” que el patrón ha conformado para evitar que los trabajadores se sindicalicen o quieran hacerlo.

Los “contratos de protección se dan gracias a la existencia de una red de complicidades entre dirigentes sindicales, autoridades laborales y patrones, que permite a éstos últimos la discrecionalidad en las relaciones laborales con sus trabajadores o la inexistencia de ellas. De acuerdo con datos del informe, titulado “Los contratos colectivos de protección patronal en México”, editado por organización Friedrich Ebert, en nuestro país los contratos de protección son mayoría.

Estos contratos están sustentados en sindicatos inexistentes, blancos, propatronales, controlados por una verdadera mafia de seudodirigentes sindicales que se dedican a convenir con el patrón las condiciones de pactar el depósito de un Contrato laboral empresarial.

De acuerdo con Graciela Bensusán, académica de la UAM – Xochimilco, existen despachos laborales que llegan a controlar más de 1200 contratos de protección, lo que les ha garantizado el manejo dispendioso y desaseado de las relaciones con las autoridades laborales en una red de corrupción e impunidad. ¿Cómo se llega a crear un sindicato “fantasma” o “blanco” que firme un “contrato de protección”? fácil: la ley establece que para hacerlo se necesita que dos o tres personas pueden demandar a una empresa la celebración de un contrato colectivo; lo difícil es que los trabajadores logren invalidar tal alevosía, pues no existen normas que hagan que ello ocurra.

Siguiendo los hallazgos de Bensusán, de acuerdo con la cínica opinión de destacados representantes patronales “se compra protección a través de una cuota que se paga a los líderes a cambio de no tener problemas con éstos ni con los trabajadores”. Es como pagar una cuota a cambio de no tener sindicato. Eso fue lo que hizo el Dr. Gaudencio Anaya Sánchez, dirigente del Sindicato de Profesores de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (SPUM), ante la intención de las trabajadoras de la guardería de esa agrupación sindical, de crear un sindicato legalmente reconocido que les permitiera conservar y acrecentar sus condiciones de trabajo, salariales y asistenciales, que se han visto disminuidas de manera permanente en los últimos años (este año por ejemplo, no han tenido incremento salarial). Gaudencio asumió la misma actitud de muchos de los patrones del país y, bajo el cobijo, el consejo y la alevosa actuación Hill Arturo del Río Ramírez, presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, han utilizado todos los recursos y artimañas para evitar que 40 trabajadores, en su mayoría mujeres, se organicen. Como vil patrón, arremetió contra ellos declarando que en esa guardería no podía haber un sindicato.

Pronto la ley le negó la razón; pues en segunda instancia, el tribunal federal concedió el amparo a las trabajadoras, en contra de la negativa del maniobrero presidente de la Junta. Una vez que el dirigente del SPUM, convertido en déspota patrón (cito), se vio superado, cambió su estrategia y se dispuso a firmar un contrato de protección con un sindicato fantasma de un seudodirigente que los trabajadores no conocen y nunca han visto. ¿Cómo puede un ausente representar los intereses de los trabajadores que no lo han nombrado para ello? En franca acción de esquirolaje, el “digno representante de los derechos sindicales de los trabajadores del SPUM” depositó en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje el contrato laboral de protección a nombre del “Sindicato de trabajadores en Tiendas Departamentales, Restaurantes, Industrias y Servicios, Similares y Conexos del Estado de Michoacán, CTM”, cuyo dirigente se desconoce, pero que dejaba al verdadero sindicato sin posibilidades de negociar y defender los intereses de sus representados.

Pero no todo acaba allí; Gaudencio Anaya Sánchez, alias “la güera Alcaine”, adelantándose a los acontecimientos, ni parco, ni perezoso, se presentó días después personalmente a la guardería para despedir a las dirigentes del recién creado “Sindicato de Trabajadores de la Guardería del SPUM”. Así fue como en una semana, del 12 al 14 de julio, fueron despedidas: María Leticia Valentín Morales, Secretaria del Interior, con 14 años de antigüedad; Judith Selene Maciel Méndez, Secretaria de Actas y Acuerdo, con 5 años de antigüedad; Sandra Bernarda Rodríguez Rosales, Secretaria del Trabajo, con 13 años de antigüedad; Catalina Rosas Romero, Secretaria de Finanzas, con 14 años de antigüedad y, Flor Ivette Carrión Ballesteros, Secretaria General, con 14 años de antigüedad, bajo el argumento de que “influyen en sus compañeras para mal, afectan el funcionamiento de la guardería y por consiguiente están afectando la integridad de los niños”, dañando con ello la trayectoria limpia de las trabajadoras despedidas, quienes nuca han tenido una queja en su contra, ni siquiera verbal, en los años que tienen desempeñándose en la Guardería.

El despido obedece a una estrategia que pretende desalentar a los trabajadores del centro en su intención de concretar la creación de su organización sindical, dejando a los que se quedan sin dirección y bajo la amenaza de continuar con los despidos. Por otro lado, lo anterior permite que de la mano de la junta logren evitar el recuento sobre la titularidad del contrato que la ley establece y, si se llegara a dar, estar preparado para imponer una mayoría que dese hoy está tratando de crear con el despido de las dirigentes sindicales.

Todo ello de la mano del presidente de la Junta, Hill Arturo del Río. Está visto que como reza la voz popular “perro no come perro, pero en este caso, sindicalista sí come sindicalista”; pues mientras por un lado el Sindicato de Profesores de la Universidad Michoacana (SPUM) dice defender a los trabajadores de las injusticias que comete el patrón, por otro lado, el dirigente del propio sindicato, Gaudencio Anaya Sánchez, se dedica a violentar los derechos laborales de los trabajadores quitándoles su fuente de ingresos, a pesar de que algunas de las empleadas despedidas tienen más de 10 años de servicio.

El líder del Sindicato de Profesores de la Universidad Michoacana (SPUM), Gaudencio Anaya Sánchez, en unos días ha sufrido una increíble transformación qué emula al personaje de la novela de Robert L. Stevenson “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, pues como atinadamente lo afirmara el periodista Jorge Vilchiz, ha trasmutado de ser un “dirigente débil y gris a un agresivo y autoritario patrón”.

Por otra parte, está sola acción condenable e indigna, debería ser argumento suficiente para que Hill Arturo del Río se cesado como presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje del Estado, pues es muy evidente que no sólo actúa como juez, sino que también lo hace como parte interesada en contra de los trabajadores del Sindicato de la Guardería del SPUM y, por tanto, es responsable, con todas sus letras de los injustificados despidos de las 5 trabajadoras, dirigentes del mismo.

Es menester que los trabajadores dignos del SPUM reaccionen y actúen condenando este grave hecho que empaña la vida sindical del SPUM y convierte a éste en un sindicato canalla. Las organizaciones sindicales deberían voltear la vista hacia esta flagrante injusticia y solidarizarse con los trabajadores en lucha de la Guardería, asumiendo las palabras del Che quien dijera que “si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros», para exigir que se reinstale a las sindicalistas despedidas, se anule el actual contrato de protección adjudicado al sindicato fantasma de la CTM y se reconozca el Sindicato que representa la compañera Flor Ivette Carrión Ballesteros como lo que es: el verdadero representante de los trabajadores de ese centro de trabajo. Abajo la salvaje asonada del patrón (cito) Gaudencio Anaya Sánchez, fuera Hill Arturo del Río de la presidencia de la JLCA e inmediata reinstalación de las trabajadoras despedidas.

Abajo la burda maniobra de querer imponer a los verdaderos trabajadores un contrato de protección patronal y un sindicato blanco. ¡Viva la lucha de los trabajadores del mundo!

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