OPINIÓN: LA MANIFESTACIÓN DE LA CONTRA. POR JUAN PEREZ MEDINA (CUT – MICHOACAN).

 

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El domingo marchó “la gente bien”. Los que han sido beneficiados por los 40 años de neoliberalismo y han amasado fortunas. Los que tienen negocios en los Estados Unidos o los que guardan su dinero en dólares en ese país, además de hacerlo en bancos de las Islas Caimán, como se conoció al filtrarse la lista de los Panamás papers. Se manifestaron los defensores del defenestrado Peña Nieto.

Los que callaron cuando se conoció la existencia de la “casa blanca” el más evidente acto de corrupción del gobierno de manos del propio presidente. Marcharon los que callaron cuando el gobierno decidió actuar en contra del equipo de periodistas que dio a conocer la noticia. Los mismos que callaron cuando los 43 estudiantes de la Normal rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, fueron desaparecidos; los mismos que nada dijeron ante los hechos de Tlataya, de Apatzingán, de Ostula.

Aquellos que callaron mientras os padres de los niños de la guardería ABC exigían justicia. Marcharon ahora y no se atrevieron ni siquiera a indignarse ante estos deleznables hechos que empañan el país, nos indignan y que aún hoy claman justicia.

La misma que reclaman las viudas de los mineros muertos en la mina de Pasta de Conchos ante la protección del gobierno para los responsables de Minera México. ¿Dónde estaban cuando estos hechos que enumero sucedieron? ¿Por qué entonces no salieron a la calle para exigir que se hiciera justicia? ¿Por qué no hicieron que México vibrara? ¿O sólo se atreven cuando es contra el gobierno mexicano?

Porque ayer se salió a la calle a defender a México ante las amenazas de Trump. Pero no a los mexicanos, porque sí así fuera, entonces se hubiera salido a la calle a exigir la salida de Peña Nieto de la presidencia de la república cuando se conoció el caso de corrupción de la “casa blanca” y elevó la deuda externa a tal grado que ya alcanza el 30% del presupuesto nacional. Si fuera por los mexicanos, México vibraría en contra del “gasolinazo” en cada ciudad y ya hubiéramos echado para atrás las lesivas medidas impositivas del régimen en nuestra contra. Sí hubieran marchado por los mexicanos, ya lo hubieran hecho exigiendo la verdad en el caso de los 43 normalistas desaparecidos y México hubiera vibrado cada día de campaña internacional por los 43 desde el día de su desaparición el 26 de septiembre de 2014.

Pero no fue por los mexicanos, sino que se hizo por el régimen priista que nos des gobierna y que ha mandado al país a una crisis de enormes dimensiones, haciendo ricos a su clase política, a los partidos y a las grandes empresas extranjeras que aquí son favorecidas y desangran día a día a los mexicanos con salarios de hambre y jornadas extenuantes y multiplicando la pobreza y la precariedad de vida de millones de mexicanos.

La capacidad de indignación de los convocados es escasa y sólo alcanza para atender a una movilización promovida e impulsada por los grandes representantes del régimen y, sino, sólo vean quiénes son los que estuvieron al frente: Centro de Estudios Espinosa Yglesia, Coparmex, Fundar, Mexicanos Primero, México Unido Contra la Delincuencia, Transparencia Mexicana, encabezados por Claudio X. González, Alejandro Martí, el Rector de la UNAM (que no la UNAM), y la nefasta señora de Wallace. Es una pena que a los clasemedieros asistentes los hayan llevado al baile, como popularmente se dice, aunque no extraña a nadie ese comportamiento de un segmento de la sociedad que siempre está más dispuesto a mirar para arriba. Lo triste es que en varias ciudades hayan sido los rectores de la Universidades públicas parte de los auspiciadores de una marcha falsamente llamada de la unidad nacional. El domingo, se pretendió juntar en el mismo costal a los coyotes con las gallinas, pero eso no funcionó porque muchos entendieron la mala intención y saben que los poderosos de este país marchan ahora para garantizar sus intereses después. Dije lo triste, pero no tanto, más bien es una confirmación de una derechización de las autoridades universitarias del país, defensores del status quo neoliberal y fieles a Peña Nieto. Por decirlo de otra forma: los conservadores gobiernan las universidades de tal manera que ya se comportan como apéndices de la patronal y actúan a su llamado.

Atrás de este hecho están las manos del gobierno que no sólo aplaudió el gesto de la gran burguesía, sino que lo acompañó tratando de asegurar que los marchantes “por Mèxico” no estuvieran solos ese día. En resumidas cuentas quienes marcharon ayer fueron convocados por la burguesía y todo lo que ellos representan hoy. Ahí está situada la UNAM y otras universidades públicas para nuestra vergüenza y preocupación. En Michoacán se vio al Rector y sus amigos y uno que otro “pirruris” marchando, con la gran comunidad ausente, ante una evidente falta de consenso.

Marcharon los que sienten riegos ante la acción de la plebe en las calles y la indignación generalizada de los ciudadanos en contra del gobierno y sus políticos; en pocas palabras: contra el régimen. Es la burguesía que ha decidido, como lo hizo en 1988, en que un vasto grupo de empresarios decidió ocupar los espacios políticos en los gobiernos y en los congresos, ocupar la calle, disputarla al pueblo enardecido y acallar con ello la protesta social, desvirtuar la verdadera lucha y mediatizar la protesta. Pero la lucha popular va a continuar aunque no cuente con rectores que la encabecen sino, incluso, en contra de ellos.

Nadie debe llamarse a engaño cuando los que ayer marcharon acaben pasándose a las filas de los trabajadores, intelectuales y empresarios dignos. Por ahora, ya están en la calle, pero ese espacio siempre ha sido del pueblo en lucha y es el que más experiencia tiene. La lucha callejera es de los pobres y así se habrá de demostrar. Los canallas de ayer son incapaces de unir a México simplemente porque es su contra natura. Ayer marchó la contra. Va la nuestra.

El domingo marchó “la gente bien”. Los que han sido beneficiados por los 40 años de neoliberalismo y han amasado fortunas. Los que tienen negocios en los Estados Unidos o los que guardan su dinero en dólares en ese país, además de hacerlo en bancos de las Islas Caimán, como se conoció al filtrarse la lista de los Panamás papers. Se manifestaron los defensores del defenestrado Peña Nieto.

Los que callaron cuando se conoció la existencia de la “casa blanca” el más evidente acto de corrupción del gobierno de manos del propio presidente. Marcharon los que callaron cuando el gobierno decidió actuar en contra del equipo de periodistas que dio a conocer la noticia. Los mismos que callaron cuando los 43 estudiantes de la Normal rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, fueron desaparecidos; los mismos que nada dijeron ante los hechos de Tlataya, de Apatzingán, de Ostula.

Aquellos que callaron mientras os padres de los niños de la guardería ABC exigían justicia. Marcharon ahora y no se atrevieron ni siquiera a indignarse ante estos deleznables hechos que empañan el país, nos indignan y que aún hoy claman justicia. La misma que reclaman las viudas de los mineros muertos en la mina de Pasta de Conchos ante la protección del gobierno para los responsables de Minera México.

¿Dónde estaban cuando estos hechos que enumero sucedieron? ¿Por qué entonces no salieron a la calle para exigir que se hiciera justicia? ¿Por qué no hicieron que México vibrara? ¿O sólo se atreven cuando es contra el gobierno mexicano?

Porque ayer se salió a la calle a defender a México ante las amenazas de Trump. Pero no a los mexicanos, porque sí así fuera, entonces se hubiera salido a la calle a exigir la salida de Peña Nieto de la presidencia de la república cuando se conoció el caso de corrupción de la “casa blanca” y elevó la deuda externa a tal grado que ya alcanza el 30% del presupuesto nacional. Si fuera por los mexicanos, México vibraría en contra del “gasolinazo” en cada ciudad y ya hubiéramos echado para atrás las lesivas medidas impositivas del régimen en nuestra contra.

Sí hubieran marchado por los mexicanos, ya lo hubieran hecho exigiendo la verdad en el caso de los 43 normalistas desaparecidos y México hubiera vibrado cada día de campaña internacional por los 43 desde el día de su desaparición el 26 de septiembre de 2014.

Pero no fue por los mexicanos, sino que se hizo por el régimen priista que nos des gobierna y que ha mandado al país a una crisis de enormes dimensiones, haciendo ricos a su clase política, a los partidos y a las grandes empresas extranjeras que aquí son favorecidas y desangran día a día a los mexicanos con salarios de hambre y jornadas extenuantes y multiplicando la pobreza y la precariedad de vida de millones de mexicanos.

La capacidad de indignación de los convocados es escasa y sólo alcanza para atender a una movilización promovida e impulsada por los grandes representantes del régimen y, sino, sólo vean quiénes son los que estuvieron al frente: Centro de Estudios Espinosa Yglesia, Coparmex, Fundar, Mexicanos Primero, México Unido Contra la Delincuencia, Transparencia Mexicana, encabezados por Claudio X. González, Alejandro Martí, el Rector de la UNAM (que no la UNAM), y la nefasta señora de Wallace.

Es una pena que a los clasemedieros asistentes los hayan llevado al baile, como popularmente se dice, aunque no extraña a nadie ese comportamiento de un segmento de la sociedad que siempre está más dispuesto a mirar para arriba. Lo triste es que en varias ciudades hayan sido los rectores de la Universidades públicas parte de los auspiciadores de una marcha falsamente llamada de la unidad nacional.

El domingo, se pretendió juntar en el mismo costal a los coyotes con las gallinas, pero eso no funcionó porque muchos entendieron la mala intención y saben que los poderosos de este país marchan ahora para garantizar sus intereses después.

Dije lo triste, pero no tanto, más bien es una confirmación de una derechización de las autoridades universitarias del país, defensores del status quo neoliberal y fieles a Peña Nieto. Por decirlo de otra forma: los conservadores gobiernan las universidades de tal manera que ya se comportan como apéndices de la patronal y actúan a su llamado.

Atrás de este hecho están las manos del gobierno que no sólo aplaudió el gesto de la gran burguesía, sino que lo acompañó tratando de asegurar que los marchantes “por Mèxico” no estuvieran solos ese día. En resumidas cuentas quienes marcharon ayer fueron convocados por la burguesía y todo lo que ellos representan hoy.

Ahí está situada la UNAM y otras universidades públicas para nuestra vergüenza y preocupación. En Michoacán se vio al Rector y sus amigos y uno que otro “pirruris” marchando, con la gran comunidad ausente, ante una evidente falta de consenso.

Marcharon los que sienten riegos ante la acción de la plebe en las calles y la indignación generalizada de los ciudadanos en contra del gobierno y sus políticos; en pocas palabras: contra el régimen. Es la burguesía que ha decidido, como lo hizo en 1988, en que un vasto grupo de empresarios decidió ocupar los espacios políticos en los gobiernos y en los congresos, ocupar la calle, disputarla al pueblo enardecido y acallar con ello la protesta social, desvirtuar la verdadera lucha y mediatizar la protesta. Pero la lucha popular va a continuar aunque no cuente con rectores que la encabecen sino, incluso, en contra de ellos.

Nadie debe llamarse a engaño cuando los que ayer marcharon acaben pasándose a las filas de los trabajadores, intelectuales y empresarios dignos. Por ahora, ya están en la calle, pero ese espacio siempre ha sido del pueblo en lucha y es el que más experiencia tiene. La lucha callejera es de los pobres y así se habrá de demostrar. Los canallas de ayer son incapaces de unir a México simplemente porque es su contra natura. Ayer marchó la contra. Va la nuestra.

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