OPINIÓN: LA IMPOSICIÓN VIENE EN EL 2018 Y LAS VÍAS PARA EVITARLA. Por el Profr. Juan Pérez Medina. (CUT-Michoacán)

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Las elecciones en el Estado De México han dejado muy claro para todo el país que el grupo en el poder no habrá de dejarlo por la vía electoral y que ya prepara un gigantesco dispositivo para imponer su voluntad a la de la ciudadanía a pesar de lo que ello signifique en el futuro. Dichas elecciones se convirtieron en el laboratorio electoral del fraude.

En ellas se utilizaron todas las artimañas posibles de la alquimia electoral y todos los recursos económicos y tecnológicos para burlar la voluntad ciudadana, pero sobre todo, un descarado contubernio con otras fuerzas electorales para hundir la posibilidad del cambio de poder político por vía de las urnas, estrechando con ello los márgenes de esa vía como posibilidad de que el pueblo ejerza su soberanía cual reza el Artículo 39 de la Constitución. Continuar llevando al pueblo al desencanto y la frustración es una olla de presión que ante la falta de despresurizadores, no tendrá más tarde que temprano, otra alternativa que hacer explosión y, si eso sucede, las consecuencias serían incalculables y catastróficas. La vía violenta podría ser una alternativa que algunos hoy, no sólo estén esperando, sino que la promueven y estimulan con la consigna de que eso habrá de beneficiarles: sobre todo un sector poderoso de los Estados Unidos, para quienes el caos nacional les garantizaría el saqueo sin oposición y la casi total anexión neocolonial del país para sus intereses.

Lo que vimos hace unos días en el Estado de México no es más que una pequeña prueba de lo que será el escenario nacional electoral del 2018, en donde el estado mexicano habrá de perpetuarse por enésima ocasión y legitimarse ante los ojos incrédulos de los mexicanos, haciendo gala de toda una serie de recursos ilícitos que el órgano electoral se apresurará a obsequiarle como válidos.

Y es que la vía electoral está cada vez más limitada para el ejercicio de la democracia representativa, pues hasta los órganos encargados de garantizar comicios limpios han quedado en entredicho con su actuación sesgada a favor siempre del grupo en el poder. Está claro que el sufragio efectivo está cancelado y la garantía para salir a votar y hacer que este voto cuente y que la voluntad mayoritaria se respete.

Las vías para perpetuarse son diversas y van desde las más burdas (compra de votos por dinero en efectivo o vales de despensa, coacción, etc.), hasta las más sofisticadas (manipulación cibernética del voto o componendas entre fuerzas políticas). Para el caso que estamos comentado, ha sido muy evidente como el gobierno realizó una agresiva campaña de medios en contra de sus opositores, al mismo tiempo que alentó y promovió a candidatos que actuaron como verdaderas comparsas para dividir el voto y favorecer al candidato oficial.

Esta actuación fue evidente en el caso del candidato Juan Zepeda del PRD, que se dedicó a atacar a la candidata Delfina Gómez, más que a proponer. El mismo gobierno se encargó de generar una campaña en ese sentido, inflando la popularidad de Zepeda para utilizarla en contra de su verdadera oposición y de quien iba adelante en la preferencia electoral en ese momento. Los resultados electorales han sido dramáticos, pero le han alcanzado el gobierno para sacar una victoria que no le pertenece y que podría parecer “pírrica” ante propios y extraños, pero que está bien medida en sus consecuencias políticas, pues les permite afianzar su estrategia hacia el 2018 y garantizar que sus instrumentos y recursos del fraude están más que listos.

En lo particular, estoy convencido que la vía electoral hacia el 2018 se ha cerrado y está cancelada como la forma democrática para que los ciudadanos nos demos el gobierno que deseamos; al menos que desde el ámbito popular las organizaciones sociales logren cohesionarse y establecer una plataforma y un plan de acción o programa representativo de la inmensa mayoría del pueblo y lo encause hacia la rebelión popular pasando, incluso, por las urnas. ¿Qué significa lo anterior? Que este momento requiere de la unidad popular más amplia en donde la organización trascienda el esquema del sistema de partidos y se sitúe en el marco de la lucha por el cambio verdadero, cuyo motor sean las reivindicaciones económicas, sociales y políticas, en donde por ejemplo, se exija el derecho al sufragio efectivo, al igual que aconteció en 1910, cuando Francisco I. Madero encabezó la rebelión contra el “dictador” Porfirio Díaz.

En el marco de esta apuesta, la organización popular es urgente y, sobre todo la disciplina política tanto en la estrategia a seguir como en los movimientos tácticos de la lucha con especial énfasis en la lucha por la acumulación de fuerzas, la cual no se habrá de lograr mientras los sectores del pueblo movilizado no hagan lo necesario para superar sus métodos anquilosados y dogmatizados de acción e ingresen a la disputa casa por casa y zona por zona de la hegemonía.

En esta estrategia juega un papel fundamental la guerra que el gobierno capitalista mexicano viene sosteniendo en el marco del desarrollo del modelo neoliberal y que no ha tenido aún una respuesta de las dimensiones que se requiere, porque por lo general lo que se hace es responder, actuar ante los hechos, sumidos en el inmediatismo o, lo que es peor aún, en la idea de que no es ésta una línea estratégica de la lucha política.

Y me refiero al papel que han venido jugando los medios de comunicación que justifican la actuación represiva, corrupta e injusta del gobierno, mientras que someten a un desgaste permanente a las fuerzas populares y sus representantes. La lucha por los medios debe plantearse en su justa dimensión y establecerse como estratégica en la lucha en contra del estado y sus aparatos ideológicos.

La democratización de los medios pasa por desmantelar los enormes monopolios existentes tanto a nivel de medios impresos, como la radio, la televisión y las redes sociales. La lucha por arrebatarlos y ponerlos a nuestro servicio pasa por una guerra permanente en contra de ellos, cuyas acciones no sean solamente aprovechar los escasos espacios que nos conceden para maquillar su neutralidad inexistente, sino además, movilizarnos para copar esos medios, echar de ellos a sus lacayos y personeros y reorientar la información y el objetivo de los mismos haciéndolos más responsables con la sociedad y no sólo como entes al servicio de los mercaderes del templo.

Si queremos evitar un mayor sufrimiento a la población del país, es necesaria la unidad de las fuerzas populares más avanzadas y, desde ahí establecer una ruta que vaya por todo el territorio accionando y organizando al pueblo para desafiar lo ya establecido y ponderado por el gobierno. Si lo hacemos así, el 2018 será un año de quiebre para el futuro del país y cuyo protagonista será el pueblo y no la partidocracia y su clase. Vamos andando, que el tiempo no espera…y el gobierno no duerme

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