OPINIÓN: APUNTES PARA LA REFORMA UNIVERSITARIA (PARTE II) Por Teresa Da Cunha Lopes

 

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Resumen: La famosa «autonomía estatutaria » (vulgo conocida como «autonomía universitaria»), es un enorme ejercicio de «espejismo político», ya que, como Institución, no controlamos el proceso de definición del presupuesto anual que nos es «atribuido». En consecuencia, más que una presea, que se agradece y hace muy bien al ego, urge que se reúna la voluntad política para asegurar a la UMSNH, vía establecimiento de un porcentaje de incremento anual, indexado a resultados en los indicadores nacionales de calidad educativa, el financiamiento pleno de todas sus actividades y los rubros adicionales para la implementación de reformas.

Morelia, Mich., 20 de mayo 2017.-La famosa «autonomía estatutaria » (vulgo conocida como «autonomía universitaria»), que traducimos por autonomía científica, pedagógica, cultural, administrativa, patrimonial, financiera y disciplinar, es un enorme ejercicio de «espejismo político», ya que, como Institución, no controlamos el proceso de definición del presupuesto anual que nos es «atribuido» por juegos políticos que nos son adversos y externos.

En consecuencia, el constante regateo político y chantaje anual sobre el presupuesto operativo universitario, conlleva como consecuencia esperada, que el cumplimiento de la misión de la UMSNH es de imposible realización en un marco de referencia nacional e internacional de calidad, basado en la centralidad de la investigación y de su estrecha articulación con la enseñanza.

La formación humana al más alto nivel, en sus dimensiones propias al siglo XXI, cultural, científica, artística, técnica y profesional, a través de una oferta educativa diversificada, de una cobertura regional extensa, de la creación de un ambiente educativo adecuado, de la valorización de la actividad de sus docentes, investigadores y personal administrativo, así como de la prosecución de la educación personal, social, intelectual y profesional de sus estudiantes, queda cada año en entredicho, en el mercadeo de influencias políticas, en los juegos de poder local y en las «batallas» entre grupos de presión.

Uno de los problemas de que casi nadie habla, me refiero a los actores políticos tradiciones, vulgo conocidos como «grilla» y que secuestran el proceso de reforma universitaria, proceso que debería ser una transición «natural» dentro de una organización educativa viva, es la cuestión de la investigación.

Una Universidad orientada, solamente, para la docencia, para la producción (output) de » recursos humanos calificados para un determinado mercado”, es una universidad obsoleta, que funciona en base a un paradigma del siglo pasado.

Las universidades que navegaron con éxito la transición a la sociedad de la Información y que se colocaron en el top de las universidades con calidad académica, son las universidades de investigación. Ahora bien, en la UMSNH, vivimos (y trabajamos) en condiciones de » bipolaridad política » que crean ambientes tóxicos de intervención externa que silencian (y frenan) los avances en la investigación, al mismo tiempo que impiden la realización de un verdadero proceso, innovador, de reforma.

Por un lado, es claro el aumento del número de publicaciones científicas, y de los diversos outputs científicos de la Universidad Michoacana, de la fortaleza de sus cuerpos académicos registrados en PRODEP y de su grupo de investigadores SNI, laboratorios y posgrados PNPC. A lo largo de los últimos años, tanto el número de citas obtenidas, como el número de investigadores altamente citado, en el índice h, en sus áreas científicas, ha tenido un constante progreso. Este grupo ha sabido angariar y bajar a la UMSNH apoyos financieros substanciales tanto en el cuadro de convocatorias para proyectos sectoriales, estímulos a la investigación, como en algunos casos (pocos, todavía) de proyectos internacionales.

Sin embargo, estos esfuerzos son más individuales que institucionales, ya que no existe un debido encuadramiento normativo de la vinculación con los sectores productivos y con la sociedad organizada y la rigidez de los contratos laborales , cuya lógica jurídico- laboral está diseñada para la presencia , casi exclusiva, del profesor – investigador frente a grupo, escamotea la importancia de la investigación, impide la transformación de la estructura organizacional y, lo que es más , en este momento de crisis financiera, cierra la puerta a las actividades que podrían dar autonomía financiera a la UMSNH .

Ahora bien, las reformas tienen dos problemas básicos: primero, necesitan de un consenso construido sobre información válida y verídica (transparencia y rendición de cuentas); segundo, necesitan de la inyección masiva y puntual de liquidez para asegurar la transición y la puesta en marcha de las nuevas estructuras que necesitarán de infraestructura material y de mantener (y captar) recursos humanos altamente calificados.

O sea, por un lado, es necesario, entonces eliminar la opacidad administrativa central, pero también la » feodalización» de las dependencias y, por otro lado, asegurar a la UMSNH los recursos presupuestales adecuados y necesarios a la reforma. Políticamente es incoherente y, hasta contradictorio, imponer recortes presupuestales y exigir una reforma, salvo si, por esta última, se entiende una dinámica propia a un » kínder» y, no lo que realmente significa una reforma universitaria en una organización educativa del siglo XXI, cuyos ejes son formar, investigar, crear ciudadanía.

En resumen, más que una presea, que se agradece y hace muy bien al ego, urge que se reúna la voluntad política para asegurar a la UMSNH- vía establecimiento de un porcentaje de incremento anual, indexado a resultados en los indicadores nacionales de calidad educativa – el financiamiento pleno de todas sus actividades y los rubros adicionales para la implementación de reformas.

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