LOS MÉDICOS DEL HOSPITAL VICTORIA LUCHAN POR SALVARLE LA VIDA A LA NIÑA, PERO FRACASAN

11395POR ANDRÉS RESILLAS// PARTE DOS//

Hilda tuvo que respirar hondo cuando la Fiscalía comenzó a interrogarla sobre lo sucedido el 12 de agosto, justo sobre los hechos en que su pequeña hija había perdido la vida. Tenía a un lado a David, su ex pareja y acusado de la muerte de la pequeña.

Antes de que iniciara el juicio oral en la sala ubicada en el Albergue Tutelar para Menores había muchas personas que pretendían entrar para presenciar la audiencia, pero mi apreciación era equivocada, pues se trataba de 29 testigos citados tanto por la Fiscalía como por la Defensa sobre el caso de la pequeña fallecida.

La madre refirió que hasta en dos ocasiones David la regresó al hotel mientras él estuvo con la niña en el estacionamiento preparándose para regresar a Guadalajara. Primero, le pidió que fuera por la factura y después la mandó hasta la habitación pues olvidó un bolso con su cartera.

Dice Hilda que subió al automóvil y que la niña estaba acostada en el asiento trasero. David arrancó por el libramiento oriente; cuando Hilda quiso ponerse el cinturón de seguridad, quiso hacer lo mismo con su hija y fue cuando se percató que la niña no respiraba.

“Tomé el cinturón de seguridad y cuando me lo iba a abrochar me acordé de mi hija. Pero la noté completamente inmóvil y brinqué al asiento trasero.

“¡David, la niña no respira; no está respirando!”, gritó Hilda alarmada.

Con su experiencia de enfermera, Hilda sabía que su pequeña estaba mal porque no reaccionaba ante sus gritos y movimientos para despertarla.

David dio vuelta en “u” sobre el libramiento para tomar la avenida
Acueducto y se dirigió al Hospital Victoria, el cual había observado estaba cerca.

Hilda siguió tratando de despertar a la niña y afirma que fue inútil; en minutos llegaron el Hospital Victoria y tomó a su hija en sus brazos y bajó corriendo.

Justo en la entrada del hospital, Hilda pisa un tapete y se resbala. Madre e hija caen de bruces en el suelo y la niña se golpea la cara y su madre las rodillas. Ante los gritos, el policía que estaba en el acceso las auxilia y pide la presencia de médicos y enfermeras.

Con gritos Hilda les dice a enfermeros y doctores que su hija está mal, que no respira y que no reacciona. La pequeña es trasladada a la Sala de Shock del hospital.

El doctor Héctor estaba de guardia ese día en el hospital y fue el primero en recibir a la pequeña de tres años seis meses de edad.
Dice que a la niña se le aplicaron de inmediato todos los protocolos médicos de reanimación. Que cuando la revisó no tenía signos vitales; no había pulso ni ruido cardiaco en su cuerpo.

Ante la emergencia, se le unieron otros dos doctores, entre ellos un pediatra; así como enfermeros del área de urgencias.

A la niña se le aplicó oxígeno a través de una mascarilla, mientras el doctor Héctor comenzó con las compresiones en el pecho para reanimar el corazón. Los otros galenos se dedicaron a despejar las vías respiratorias; se le introdujo una cánula y se la sustrajeron líquidos de su cuerpo. Alrededor de 200 mililitros de un líquido claro.

Otra de las medidas fue colocar los parches del electrocardiograma para verificar alguna actividad en el corazón.
También se le pretendió aplicar medicamentos, pero explica el doctor Héctor que ya el cuerpo estaba totalmente sin actividad.

“Normalmente el protocolo de reanimación de un paciente nos lleva un tiempo de 20 minutos; nosotros seguimos luchando por reanimar a la niña hasta cerca de 40 minutos, pero no lo logramos”.

EL DEBATE

Paso a paso el doctor Héctor le explicó al tribunal el protocolo de reanimación ejecutado con la niña; la Fiscalía era la responsable del interrogatorio y le había preguntado cada detalle; pero cuando a la Defensa le correspondió su turno, comenzó la tensión.

¿Cuántos años tiene usted de ejercer cómo médico? Preguntó el defensor ante la evidente juventud del galeno michoacano.

“Cinco años y ya he trabajado en otros hospitales como el Star Médica de esta ciudad”, contestó con seguridad Héctor.

¿Cuánta experiencia tiene en el área de urgencias médicas y en la sala de shock?”, cuestionó nuevamente el defensor de David.

“Cinco años, pues también en el otro hospital estuve en el área de urgencia; además de que desde el tercer año de la carrera de médico tenemos contacto con esa área; he tomado diversos cursos y seminarios sobre reanimación, así como situaciones de foco rojo”, contestó el médico ahora ya con un semblante tenso.

¿Y los otros doctores que intervinieron también están preparados en esa especialidad?

“Sí, son especialistas”.

Más de media hora la defensa acorraló al joven médico. Una y otra vez repitió el protocolo aplicado a la infante. Describió la función de cada instrumento utilizado; de cada acción, de cada decisión para volver a la vida a la niña.

El punto más álgido fue cuando la Defensa le lanzó una terrible pregunta:

¿Por qué si usted afirma que la niña cuando llegó al hospital no tenía signos vitales, ni actividad cardiaca, es decir, estaba clínicamente muerta, usted no avisó de inmediato al Ministerio Público?

Héctor abrió los ojos sorprendido por la pregunta y con firmeza concluyó:

“Porque mi ética profesional me impone luchar por la vida; como médicos hacemos una promesa de salvar vidas; porque moralmente estoy obligado a ayudar médicamente. Esa es nuestra misión y la tenemos que hacer!”.
Continuará…………………………….

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *