EL ROSTRO DEL MÉXICO MODERNO

Por Teresa Da Cunha Lopes.

México ha cambiado y ha cambiado para (mucho) mejor. ¿La prueba? Las esposas de los candidatos. Si los candidatos son grises, las consortes son interesantes. Por (casi) primera vez, estas rompen con el molde de la «ama de casa» o, en su alternativa, de la «engreída de televisa» y, asumen el lugar de compañeras en términos de igualdad en la vida , en las opciones políticas, al mismo tiempo que mantienen espacios propios . Esta «generación 2018» de potenciales primeras damas nos muestra un grupo que tiene personalidades diferentes, pero que transmite una cercanía positiva. Son personas que, tienen su propio espacio, preparación académica (doctorado, maestrías, licenciatura), actividad profesional, estilos simpáticos, menos encartonados mucho más modernos y, al mismo tiempo más cosmopolitas que cualquier de los candidatos. Y, a años luz de las nulidades «socialite» del pasado. reciente. Deberían ser la grande herramienta de las campañas. Pero no lo son. Y, aquí mi desconcierto. Porque ellas son un reflejo de este México dinámico y vibrante que está ahí, que es uno de los rostros más visibles de un real dinamismo de la Nación contra todas las pesadas lápidas, a pesar de todos los problemas, frente a una clase política que se empecina en describir y hablar solo de las miserias y que se comporta como trogloditas escapados del guión de la «Ley de Herodes». De hecho, la virtual ausencia de estas mujeres verdaderas de la campaña, tan lejanas del estilo naco de quién compra Oscar de la Renta y lo viste como si este sustituyera el vacío existencial, habla inmenso de la enorme carga de misoginia de los operadores políticos y de su incomprensión de la importancia de las mujeres mexicanas en los cambios reales y positivos que la Nación ha alcanzado en las últimas décadas. Seamos concretas y sinceras una de las grandes fortalezas de México siempre ha sido el carácter y fuerza de la Mujer mexicana. La grande transformación de México ha ido a la par del empoderamiento de las mujeres mexicanas. Las bolsas de violencia, el mundo del narco, los grandes mecanismos de la corrupción política han sido (y son) las puntas del iceberg de un México bronco, machista y misógino que dejó de ser, hace mucho, el México real pero que se encarniza en reproducirse y se mantiene en el arraigo de comportamientos del «club de hombres» dueños de la partidocracia. El rostro del México moderno y en marcha, aquel rostro que veo todos los días en mis salones de clase, en el dinamismo de los sectores sociales, productivos, culturales y que contraria la narrativa discursiva obsoleta de los aparatos partidarios es, simbólicamente, representado hoy, no por los candidatos, sí por las «candidatas no oficiales», las potenciales primeras damas de la elección 2018.

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