EL MONSTRUO DE TODAS NUESTRAS CALAMIDADES. Por Juan Pérez Medina. (CUT-Michoacán)

 

Durante los últimos 20 años ha habido una constante en los gobiernos estatales y municipales a la hora de cerrar el ejercicio financiero. Los recursos presupuestales no alcanzan poniendo en duda los salarios de los últimos meses y el aguinaldo de los trabajadores. En la Entidad esto ha sido una constante que no se supera y por el contrario, es un problema que se profundiza, convirtiéndose en una constante que es de llamar fuertemente la atención.

De acuerdo con la clase en el poder, la causa de este grave hecho está en las enormes prestaciones que los trabajadores tienen y, sobre todo, en el gasto que representa atender las pensiones y jubilaciones de quienes se encuentran en cesantía. Por ello se han empeñado en debilitar las conquistas que los trabajadores han logrado y prácticamente convertir los derechos comunes de éstos en derechos individuales muy disminuidos en donde las grandes empresas han pasado a ser las que finalmente se beneficien con este proceso al hacerse dueñas de los recursos que no le son propios. Las enormes ganancias que las administradoras de las afores han logrado en tan pocos años nos demuestran que la exigencia de reformar los sistemas pensionarios y las leyes laborales tenían como finalidad aumentar sus ganancias y, quedarse con el ahorro de los trabajadores, quienes no sólo pierden con el nuevo sistema de pensiones de cuentas individuales, sino que además, pierden continuamente con el manejo financiero de sus cuentas, en las cuales, si hay ganancias son para los administradoras y si hay pérdidas son endosadas a ellos.

No hay dinero que alcance para pagarles a los trabajadores sus enormes y cuantiosos salarios dice el gobierno y su clase. No hay dinero que alcance para sostener los onerosos sistemas pensionarios, los cuales deben desaparecer. No hay dinero para atender lo pactado que debió haberse presupuestado y que a la hora final no existe. Uno no entiende por ejemplo que siendo este un asunto fundamental no existan previsiones financieras para hacer frente a lo que se supone es el soporte de la economía: el poder de compra de los trabajadores.

¿Qué está pasando? Primero hay que dejar en claro que el sistema actual es el verdadero problema. Los gobernantes que hemos tenido no han escatimado sus esfuerzos para entregar los bienes nacionales a las codiciosas pretensiones de las grandes transnacionales que poco a poco se apoderaron de las miles de empresas estatales y, sobre todo, a las consideradas estratégicas. Por este camino perdimos nuestra autonomía de desarrollo quedando en manos del mercado y con los grandes capitales como dueños de la economía nacional. De esta manera, se han dejado de percibir enormes recursos que eran la palanca del desarrollo nacional y que, por lo mismo, garantizaban los recursos necesarios para atender las obligaciones de la federación, los estados y municipios.

Ahora, cuando culpar a los ambiciosos trabajadores mexicanos no es suficiente, la clase en el poder lanza una segunda campaña para hacer ver que éstos no son sólo caros, sino que además son poco productivos y, por tanto, el país no genera la riqueza necesaria para hacer frente a sus enormes exigencias. Sobre todo si se la pasan en la calle exigiéndolas.

El hurto legalizado por las modificaciones a las leyes nacionales que han desmantelado la economía nacional ha dejado en la orfandad a sus pobladores. El mayor de ellos no son la explotación de los bienes nacionales y el dominio del mercado nacional que ya es decir mucho, sino fundamentalmente, el que hacen de la explotación desmedida de la fuerza de trabajo que ha preocupado hasta a los capitalistas más despiadados como ha sido el caso de nuestros vecinos del norte, que en medio de la negociación del tratado de libre comercio, se han percatado que los salarios de hambre de los trabajadores mexicanos es el hándicap más favorable para el gobierno nacional a la hora de negociar los beneficios de ese tratado comercial.

Con toda esta ofensiva mediática para justificar su desmedida ambición económica han hecho los cambios que les han convenido ofreciendo resolver los problemas que ellos mismos han generado. Desde el gobierno han dicho que las políticas que han emprendido son para mejorar; los ofrecimientos de bienestar no acaban ante sus permanentes fracasos sociales. Lo cierto es que en el fondo son los grandes capitales los que se han beneficiado de las grandes contrarreformas establecidas en los últimos años en contra del país por la dupla Pan-Pri.

No hay dinero porque se ha entregado a los grandes capitales los bienes nacionales que antes eran nuestros y que sostenían la economía estatal. No hay dinero porque existe una enorme corrupción gubernamental que socaba la economía nacional y empobrece a sus ciudadanos. No hay dinero porque el desmantelamiento y la corrupción han generado pobreza y ésta ha traído violencia organizada y narcotráfico y, con ello, se ha desarrollado un aumento creciente del presupuesto en seguridad. No hay dinero porque los enormes y escandalosos salarios de gobernantes y representantes (anti) populares que se regodean en medio de la pobreza de los millones de mexicanos, hace que la riqueza se concentre en un grupo indolente y cínico.

Por eso no hay dinero. Porque el sistema económico y político no funciona más que para unos pocos y se ha convertido en un cáncer para la mayoría de los mexicanos.

Por eso no pagan a los trabajadores de la educación del sistema estatal. Por eso no pagan a los trabajadores del sistema estatal de salud, por eso no pagan a los trabajadores de la UMSH, por eso es que se encuentra en quiebra el sistema estatal de pensiones civiles.

Pero queremos culpar a uno sólo de la catástrofe y eso ha sido y es nuestro error. No es que Silvano no sea el primer responsable de lo que ocurre hoy en la entidad y que hará que el próximo martes se movilicen los trabajadores de la educación y la burocracia estatal por los 4 puntos cardinales de la ciudad de Morelia, abandonando sus centros de trabajo con justificada razón. Su culpa es no solo la de ser el primer corrupto de la entidad sino que además es el primer responsable, que sabiendo las causas de fondo del problema no las combate y, por el contrario, las continúa justificando y acrecentando.

Se sabe de los enromes gastos que genera su gabinete en materia de comunicación y promoción personal que nos inunda diariamente con hechos que niega la realidad. Es insoslayable que se gasta enormes recursos en el uso de helicópteros privados para moverse por la entidad y el país a costos millonarios. Es un hecho innegable la enorme corrupción generada por la elevada presupuestación de obra pública que se entrega a sus “amigos” en franca omisión de las leyes en la materia y que ha beneficiado a empresas de otros estados en una estrategia de complicidad con otros gobernadores. 15 por ciento del costo cada obra o compra importante les corresponde al gobernador y sus “amigos”. Pero eso no es todo, cada gobernador y presidente municipal que se precie de serlo en serio debe de crear sus propias empresas constructoras y comercializadoras para convertirlas en proveedoras del gobierno estatal y municipal y quedarse con las obras que se ejecutan. Para evadir la ley las utilizan prestanombres o se organizan con otros gobiernos estatales para que mientras las empresas del gobernador de Michoacán realizan obras en Puebla, las del gobernador de ese estado las hacen en la entidad. Eso explica que sean de fuera las principales empresas constructoras que hacen obra pública en Michoacán y que cuenten con un serie de omisiones a la hora de cumplir con las normas específicas que se deben cumplir. Eso explica también de la mala calidad de lo que hacen y se compra y los exagerados costos que se pagan por ellas.

No, no hay dinero que alcance para pagar las justas exigencias de los trabajadores. Salarios que ya se han devengado y que no se han pagado por falta de liquidez, producto, como ya lo hemos dicho, de la salvaje conducción económica depredadora, sobre explotadora y corrupta. Nada justifica el que no se pague a los trabajadores, sino la complicidad de unos gobernantes obtusos y ambiciosos que no han sabido defender con dignidad a la nación y sus ciudadanos y, en nuestro caso, a los michoacanos.

Ya es hora de darnos cuenta cabal de las cosas y mirar más allá de nuestra inmediatez. La situación en la que nos encontramos sólo se resolverá si nos decidimos a atacar al monstruo de nuestras calamidades en su justa dimensión y ésta está más allá de Silvano y su enorme enriquecimiento personal. Él debe pagar, pero debemos de cambiar el modelo económico y político depredador que tenemos. Sin ello, nada habrá de cambiar aun y que en una enorme tarea ciudadana se logrará destituir al actual gobernador. Así es la cosa.

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