ORGANIZACIÓN POPULAR, PLATAFORMA Y ACCIÓN POLÍTICA PARA ENFRENTAR LA ACTUAL COYUNTURA POLÍTICA. Por Juan Pérez Medina (CUT – MICHOACAN)

Los grandes problemas nacionales devienen del putrefacto sistema político que nos desgobierna. Su grado de degradación humana es ya un hartazgo que parece no tener fin. La avaricia, el abuso y la ambición son sus características principales y sus herramientas que median su existencia la corrupción y la impunidad. Ambas coexisten de tal manera que una cubre a la otra y así sucesivamente. Muchas de las ilegalidades humanas en las que el modelo de desarrollo del capital se sustenta cuentan con un marco normativo que les da impunidad. Se viene legalizando la injusticia en función al interés del capital y cuando esto no es suficiente, se actúa en la cada vez más descarada ilegalidad acompañada por la impunidad y el crimen.

El grupo en el poder aprende diariamente miles de maneras de cómo garantizarse su perpetuidad para no dejar de asombrarnos. La semana anterior, por ejemplo, se conoció la manera fraudulenta en cómo el ejecutivo federal utiliza las instituciones para robarse el dinero público. El procedimiento no es tan sofisticado, pero nos deja claro el grado de sofisticación que este grupo en el poder ha alcanzado para delinquir pretendiendo que nos enteremos.

Sin embargo, todo criminal deja siempre un cabo suelto, pues no hay crimen perfecto; y ya se sabe que el gobierno federal, a través de 11 dependencias, entre ellas la SEP, ha desviado 7 mil 670 millones de pesos de recursos públicos, mediante la entrega de contratos a empresas que no existen y que no daban los servicios para los que eran contratadas. El dinero, en realidad, ha terminado en el bolsillo de los funcionarios federales del gobierno de Peña Nieto, como garantía para proyectar sus nuevas ambiciones. Ya se preparan para buscarse un sitio en el siguiente sexenio.

Por ejemplo: al revisar las Cuentas Públicas 2013 y 2014, Animal Político y Mexicanos contra la Corrupción e Impunidad (MCCI) detectaron contratos ilegales por la cantidad arriba mencionada, de los cuales 3 mil 433 millones no se saben dónde quedaron, pero todos los “mal pensados” lo suponemos y no creo que nos equivoquemos. Seguramente usted que me lee ya acertó.

Es indudable que el pueblo de México está en manos de verdaderos pillos, frente a los cuales Alí Babá y sus 40 ladrones son insignificantes ladroncillos de barrio. La manera en cómo lo vienen haciendo es adjudicando recursos presupuestarios a universidades públicas, las cuales a la vez, a cambio de una millonaria “comisión” entregaban contratos a empresas inexistentes o cómplices, las cuales regresaban el dinero a los que habían iniciado el proceso en una triangulación más oscura, escabrosa y terrible que el propio triángulo de la Bermudas.

8 universidades públicas están implicadas y más de 100 funcionarios públicos de 11 dependencias federales, entre las que destacan: Sedesol de Rosario Robles, Pemex de Emilio Lozoya y Banobras de Alfredo del Mazo. Aunque también están implicadas: Fovissste, SEP, Sagarpa y SCT del ya legendario Ruiz Esparza. Las empresas contratadas son en su mayoría fantasmas o actúan en rubros o giros muy diferentes para los que fueron contratadas. ¡Qué cochinero! Y nosotros permitiendo que lo hagan cotidianamente en nuestro nombre.

Por eso es indispensable hacer algo fuera de lo común. Extraordinario diría yo. No basta con ir a votar es indispensable determinar el por qué ir para que votar valga la pena y no se convierta en la continuidad del viacrucis. Es indispensable establecer las acciones mínimas indispensables para salir del actual cochinero e iniciar un nuevo proceso que nos conduzca al cambio tan

necesario y tan urgente. Es, incluso, indispensable, resolver si el sistema electoral actual y los poderes que integran la república son, ahora indispensables o no. Es necesario mirar sí el sistema “democrático” existente es parte del problema o la solución y sí los tres poderes que integran la nación son necesarios en la lucha por la transición política, económica y democrática de México.

Hay que replantear el problema y atenderlo de raíz. Sólo así encontraremos la solución a la actual crisis sistémica que nos desgobierna. Las fuerzas del pueblo tienen la obligación y la tarea de llevar a cabo un diseño que rompa con la actual inercia de ceñirse a lo establecido y permitido por la ley y avanzar hacia una propuesta política de ruptura y desarrollarla al costo social menor posible.

Lo anterior pasa por plantearse varias cuestiones: la primera de ellas es la necesidad de integrar un frente único nacional que discuta sobre esta propuesta de ruptura con el régimen político y su modelo económico. Implica convocar a la organización desde abajo en todos los lugares de la geografía nacional mediante la instauración de asambleas del pueblo, con la finalidad de construir una amplia organización popular incluyente y, por tanto, respetuosa de quienes la integren, en donde no quepan los dogmáticos, ni los soberbios, que entre organizaciones populares los hay y no son pocos.

Una convención nacional popular podría ser el punto de partida de una amplia movilización popular desde el río Suchiate hasta el Bravo. Barrio por barrio, comunidad por comunidad hasta integrar las convenciones estatales. Desplegar una amplia estrategia de comunicación e integración que sume y no que traiga a la discusión conflictos absurdos que nos frenen. Establecer desde un principio un mecanismo de representación popular ante las asambleas que impidan la sobrerrepresentación y la suplantación de los ciudadanos.

Es necesario que este mecanismo esté dotado de elementos que eviten la descalificación y fortalezca la integración de los disensos y el respeto a los acuerdos mayoritariamente establecidos. Si vamos hacia la construcción de una nueva democracia debemos probar de que somos capaces de lograrlo con nuestros hechos previos, de lo contrario estamos desde ahora imposibilitados para ello.

Lo segundo, es generar la discusión acerca de lo que somos y lo que queremos. Compartir un diagnóstico y un horizonte y plasmarlo en una plataforma que agite y convoque en todas partes. Dotarse de una plataforma política surgida de la más amplia discusión popular la hará fuerte y defendible, pues el pueblo la considerará suya desde el primer momento.

Su contenido debe ser genuino y su estructura lo más simple posible, pues es al pueblo a quien va dirigida y es él el que habrá de defenderla. Los elementos constitutivos deben estar basados en líneas disruptivas que nos contrapongan a todas las versiones del poder político sustentado en la partidocracia y su régimen. Una plataforma que condense nuestros anhelos y nuestras esperanzas y que disponga por lo simple una lucha sin cuartel en contra de lo que no deseamos.

Las líneas estratégicas que podrían integrar dicha plataforma deben ser abarcadoras de los asuntos de la nación y su relación con otros pueblos y el mundo. Deben plantearse la destrucción de los elementos actuales que son el nicho de la corrupción, el abuso y la impunidad.

Hay que reconstruir este país al cual el grupo en el poder ha vilipendiado, menospreciado, vendido, mal baratado, entregado, avergonzado, humillado y empobrecido. México debe ser otro y de ello sólo se pueden encargar los mexicanos que actualmente integramos este Pueblo con toda su connotación política. De los elementos que consideramos deben integrar la plataforma hablaremos en la próxima entrega.

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