Columna Miradas de reportero: Ser periodista en Zitácuaro y municipios así. Por Rogelio Hernández López

Rogelio-Hernandez

Confieso que sí tenía temores de ir a Zitácuaro Michoacán, en estos días. Es que fuera del estado todavía hay percepciones de que este municipio es uno de los epicentros de la violencia en Michoacán por las disputas de tres o más grupos violentos por controlar «la plaza» y sus caminos. Llegué incluso aplicando un protocolo de auto protección para periodista en misión de riesgo, que incluye alertar a una red de colegas de la Ciudad de México para una eventual reacción rápida. Pero, me topé con varias sorpresas.

Les relato algunas cosas que observé, como apuntes iniciales para seguir recogiendo información y amarrar conclusiones que puedan servir a las mujeres y hombres que ejercen el periodismo en tiempos y zonas de riesgos extraordinarios, como aquí, y son demasiados los municipios con situaciones similares en todo el país .

APUNTES

1. Fue sorpresivo saber que para organizar la jornada por los 90 años del nacimiento del periodista Manuel Buendía y a los 32 de su asesinato, para esta ocasión convocaron las y los colegas de 10 medios impresos y digitales, muchos más que en otros años y mejor organizados. Coinciden en no dejar que llegue el olvido del columnista. Sus actos fueron el 24, 25, 26 y 30 de mayo.

2. Tuve azoro también al conocer que en menos de tres años se elevó a 12 el número de periódicos impresos y a casi 30 los digitales. Al menos 60 periodistas han de trabajar en ellos. Esto en un sólo municipio, que es grande pero no tanto como para que su per cápita de prensa por habitante rebase con mucho la media nacional.

3. No encontré información que indicara la continuidad de incidentes de violencia de grupos delincuenciales entre sí, ni contra la población. Observé y pregunte en terminales, mercados, comercios, restaurantes, taxistas. Colegas de la fuente policiaca me confirmaron el mismo ambiente, en su ciudad aunque persisten indicadores negativos en otros municipios más pequeños y cercanos a Guerrero y al Estado de México.

4. En contraste percibí normalidad en las acciones cotidianas de la gente en todo lugar, incluso con los noctámbulos, que no eran pocos, en taxis y otros transportes circulando en la madrugada. Por ejemplo, un restaurante tres estrellas que se instaló hace unos meses en las orillas de la cabecera municipal, sobre la carretera a Morelia (o sea alejado del centro y de la seguridad) confirmamos que trabaja hasta la medianoche, “o más si es necesario” y del que los meseros aseguran no han tenido incidentes “ni siquiera de borrachos”. Hasta hace poco en sitios así había miedo y precauciones extremas como ocurre en ciudades como Sahuayo o La Piedad.

POSIBLES EXPLICACIONES

Me faltaron datos para interpretar las causas de esa atmósfera social que contradecía mis miedos.

Una causa posible serían los operativos de seguridad pública que han hecho las fuerzas federales y estatales en la región que quizá intimidaron, arrinconaron, ahuyentaron o diezmaron a los dos o tres grupos delincuenciales que se habían extendido hasta acá. Quizá eso sea una razón. Falta saber qué interpretan los coordinadores de estas fuerzas.

Mas, lo que si es evidente son las acciones de lo que llaman “la reconstrucción del tejido social” y la “recuperación de la gente de los espacios públicos”.
Ejemplos: tan sólo en la plaza municipal estos días pude ver los puestos de inscripción para la Tercera Carrera Atlética para la Seguridad con cuatro categorías: familiar, infantil, juvenil y especial para personas con disminuciones motrices;

Allí también vi, con alegría, a zitacuarenses acudiendo al módulo de Conaculta, llamado Paralibros donde prestan ejemplares de libros, folletos y revistas para que la gente los lea libremente en cualquier lugar de la plaza; se confía en que los regresarán, a veces días después;

Igual de notable fue que en miércoles de tarde noche, grupos de jóvenes y adultos bailaran con música de aparatos de sonido sobre la pista de baile alzada donde antes hubo un kiosko.

A esas acciones promovidas por el gobierno municipal se sumó ese día la estancia de un tráiler de consultas médicas gratuitas que estaría dos semanas, y también trae laboratorios para mastrografías, papanicolau, ultrasonidos, densitometría ósea, examen de la vista y análisis de sangre y orina.

Esa atmósfera la reflejaban también los ánimos de las y los colegas organizadores de las jornadas por Manuel Buendía. En las conversaciones se notaba que hacían planes de trabajo como Club de Periodistas, de coberturas, de más capacitación profesional, de cómo mantener una buena relación pero respetuosa con los políticos encargados de los tres niveles de gobierno.

El ambiente que encontré entre colegas contrasta con el que tenían hace un par de años, en el cual pesaban los corrillos, murmuraciones, y amenazas, porque eran acompañados de hechos de violencia y, por supuesto, les presionaban a silenciarse o poner cuidado extremo en lo que difundían, pero hacían periodismo. Ellas y ellos también fueron factor para denunciar a los violentos y alejar un poco el miedo. En zonas así los periodistas profesionales son más que necesarios, indispensables.

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