Como lo comenté en una entrega anterior, sigo hoy con el análisis de las 6 tareas de PPS de la Sección XVIII democrática. En esta ocasión corresponde a la Gestoría Democrática y respecto a ella diré lo siguiente:
Realizar una gestoría democrática.
En la Sección XVIII se realiza una gestoría “charra”. Las evidencias acerca de que se hace una mala gestión de los asuntos laborales de los trabajadores saltan a la vista con las permanentes acusaciones entre integrantes de grupos de interés creados en torno a lo que la dirección sindical representa. El último congreso seccional nos demostró que lo que se dice en todas partes acerca de la realización de una mala gestoría laboral es una verdad de a libra. Los acuerdos con las autoridades por encima de los principios del Movimiento e, incluso los favores y la venta de plazas, ascensos y cambios son realidades inocultables que todos reconocen.
¿Por qué ocurre esto? Son varias las causas que generan una gestoría “charra”. Lo primero es la acción permanente de la autoridad para convencer a los representantes sindicales responsables de llegar a acuerdos a espaldas de la base y por fuera de nuestros principios éticos. Segundo, porque los responsables de llevar a cabo la gestoría carecen de una sólida formación política y son propensos a actuar en contra de los intereses generales de la base. Tercero, porque la base no participa de la gestoría y, por tanto, ésta no se colectiviza, fortaleciendo las expectativas de buenos resultados. Sin la base se concede, con la base se avanza sin concesiones. Cuando los gestores se encierran a arreglar nuestros asuntos con la autoridad, sin la presencia de los trabajadores, la gestoría se individualiza. El gestor logra acuerdos que a él le convienen y a la autoridad misma. Los beneficiarios de este tipo de gestoría se convierten en elementos de apoyo para el gestor ante cualquier cuestionamiento. De esta forma se integran grupos de interés que, al margen de los principios de la gestoría democrática, realizan acciones que son de inmediato atravesadas por la corrupción y la traición a las bases que dice representar. Así, es más que evidente que la gestoría no avanza y los problemas en lo general no se resuelven.
La gestoría, como lo establece el PPS, es una de las actividades prioritarias que requiere de la más alta seriedad, una escrupulosa transparencia y una participación activa de los implicados. Es una tarea de toda la base y las instancias de la Sección XVIII. Se debe realizar fundamentalmente bajo el principio de la gestoría masiva. Antes de exigir la presencia de las autoridades responsables, es necesario que esta acción se organice y se planifique junto con la base, para que ésta no sólo esté presente sino que se entere a lo que va y mantenga una actitud combativa en todo momento. Es la base la que realiza la gestoría y el CES el que la Coordina.
Una buena gestión inicia en el centro de trabajo y continúa por las diversas instancias. Cuando ésta se traiciona desde su comienzo o en alguna parte del proceso, el CES debe corregir el hecho para no validar una injusticia, sin importar que se contraponga su actuación con la de los representantes sindicales que han actuado contra el derecho legítimo de un trabajador. Una gestión verdaderamente democrática descansa en nuestros principios; es decir, que observa en todo momento el derecho laboral de nuestros compañeros y trabaja para hacerlo valer. No es aquella en donde los representantes sindicales reajustan y reacomodan las cosas para favorecer a alguien en particular. El derecho laboral debe observarse a cada momento a fin de no cometer atropellos que con el paso del tiempo se conviertan en causales de división interna en centros de trabajo y delegaciones y, posteriormente, hasta en el Comité Seccional.
La gestoría democrática es un asunto de los trabajadores miembros de la organización sindical. A ellos está dedicada. Se trata de evitar que el patrón no imponga condiciones de trabajo al margen de lo establecido y de que cuando se generen procesos de ascensos, cambios, promociones, etc., se otorguen bajo el más justo y riguroso proceso.
La gestoría democrática no es para los que no pertenecen a la Organización Sindical. es decir, no aplica para aquellos que están contratados, pues no están sujetos a una relación laboral que los haga parte de la Sección XVIII. En años anteriores, bajo la conducción de Sergio Espinal y Artemio Ortiz, sobre todo, se utilizó a personas que buscaban empleo para presionar a las autoridades. Muchas veces, eran estas personas las que hacían mayoría en esas acciones y las que estaban en cada acción que se convocaba bajo la promesa de que se les conseguiría su contratación. Así nacieron los eventuales, los contratos por servicios profesionales, etc. El 13 de junio de 2013, una enorme pipa se queda sin frenos y arrolla a los maestros que tenían tomada la caseta de San ángel Zurumucapio, en el municipio de Ziracuaretiro. En esa acción mueren 7 compañeros y casi otros 20 resultaron heridos. Entre los hospitalizados de gravedad iba una mujer joven, hija de un maestro, quien la presionaba a participar en las acciones de la Sección XVIII, con la finalidad de que le otorgaran una plaza. Este tipo de acciones no forman parte de la gestoría democrática y le son, incluso, ajenas. Son contrarios a la gestoría democrática los acuerdos para que un trabajador cualquiera intente heredar a sus familiares o, aún peor, entregue la plaza a otra persona por dinero, cuando ésta no pertenece al trabajador. Una vez que un trabajador renuncia o se pensiona, la plaza que ostentaba pasa a la SEP para volver a ser propuesta. La plaza es del trabajador mientras está en activo ejerciéndola, pero una vez que se acaba la relación laboral, la plaza pasa a convertirse en vacante que debe ser propuesta a otra persona y contratada por la autoridad si reúne los requisitos para el puesto. Heredar o vender plazas, así como auspiciarlo o permitirlo no es hacer gestoría democrática, como tampoco lo es el que se reciba algo por el gestor a cambio de una irregularidad o de una injusticia. Ya sea a la hora de hacer un cambio, o a la hora de recibir un préstamo. Los que participan de estas prácticas son corruptos. No sólo el dirigente sindical que la concreta, sino también aquellos maestros de base que participan.
La gestoría democrática se garantiza cuando es la base quien la lleva a cabo, bajo la coordinación y conducción responsable de los secretarios y comisionados de las Secretarías de Trabajos y Conflictos y orientados rigurosamente por los principios y criterios que la rigen. Por lo tanto, su fortalecimiento sólo será posible si se democratiza. Esto implica que debe volver a masificarse de manera organizada. Quienes hoy actúan de manera diferente, no dan cuantas de lo que hacen, se conducen al margen de los principios de la gestoría democrática deben ser enjuiciados y suspendidos en sus derechos sindicales. La revocación debe ser una herramienta permanente de los trabajadores.